Coca y Galletitas


Me mudé, si, lo prometido es deuda y después de recibirme lo primero que hice fue buscarme un lugar a dónde emanciparme. Encontré un lindo departamento, no pedían mucho, la ubicación está buena y el departamento tiene lo que quiero, llegamos a un trato y hace 2 semanas éste lugar tiene mi nombre, claro después de el del dueño, alquilo. Antes de traer todas las cajas con mis cosas, hicimos una fiesta increíble, una excelente bienvenida a mis vecinos, para que vean lo que les depara, juntamos el cumpleaños de un amigo, mi recibimiento en la carrera y mi departamento nuevo, sin muebles, sólo una heladera que trajimos, música y algunas sillas.

Al día siguiente o al siguiente del siguiente, no sé bien cuanto dormí, había que ordenar un poco y empezar la mudanza, por más que mi estómago y cabeza pedían clemencia. No pedí ayuda, yo puedo sólo, dije. Embalé todas las cosas que me interesaban tener primero, todo prolijo, cajas con cosas frágiles allá, ropa acá, libros allá, etcétera, etcétera… Una vez que tenía todas las cajas en mi nuevo hogar me puse a organizar mentalmente qué quería y dónde. Listo, todo organizado, manos a la obra.

Empecé con las cosas pesadas, armando mesas, con la música a pleno, total estaba sólo o eso es lo que me parecía. Colgando un cuadro en el pasillo estaba yo cuando lo vi, ahí contra el rincón al lado de donde iba a ir la biblioteca. Inmóvil. No decía ni hacía nada, no me daba miedo, era feo, eso si, pero miedo no daba, creo que me intrigaba saber lo que era, ¿hablaría castellano? ¿Inglés? ¿O portugués? Ojalá uno de esos, sino estaba al horno no sé cómo hablarle.

No hacia nada. Sólo me miraba pasar con cajas llenas a la ida, vacías a la vuelta, parecía una estatuilla, si prestabas atención podías ver cómo me seguía el rastro con la mirada de sus tres ojitos saltones. Cada tanto amagaba a decir algo, o cambiar de posición, pero no, ahí estaba él, con su piel verde escamosa y sus botitas de hule.

Le ofrecí galletitas, aceptó una o dos, no alcancé a ver bien, sus torpes y deformadas manos no eran muy prácticas para sacar galletitas del paquete. Le ofrecí agua, dijo que no, ¿Coca quizás? Ahí si, se tomó medio vaso y lo dejó ahí, al lado de su rincón.

No parecía malo, me llegaba con cuernos y todo al ombligo, si estiraba sus gordos brazos quizás me llegaba un poco más alto, no importa. El seguía ahí. Sin decir nada. ¿Qué sería? ¿Vendría de otro país? ¿Sería del interior? Debe ser producto de mi imaginación, o más divertido, de la imaginación de alguien más, como de la familia que vivió acá, si era eso, estoy seguro, era el amigo imaginario del hijo del matrimonio que vivió acá.

Con los días me fui acostumbrando a su presencia, era como un mueble feo que no servía para nada más que para mirarlo e intentar entenderlo. Por las noches le dejaba un vaso con coca y unas galletitas y a la mañana siguiente agarraba todo y lo llevaba a la cocina. Que extraño todo, tengo un inquilino en casa que no se nada de él, sólo come las galletitas que nadie come del paquete y toma medio vaso de coca.

Más de una vez intenté hablar con el, pero no decía nada, sólo me miraba con sus ojitos, cómo si sus colmillos le impidiesen abrir la bocota esa grande que le recorre la cara. Me fijé si respiraba, pero no tenía nariz y no parecía ser como los tiburones que tienen las hendiduras branquiales para respirar por los costados, ¿de qué viviría? ¿Estaría vivo? Si, eso si, porque las galletitas se las comía.

Invité unos amigos a que vengan a conocerlo, cuando vinieron, él no estaba, sería tímido pensé. Mis amigos me verduguearon, me hicieron quedar cómo un loco que ve cosas, pero yo estoy seguro que lo vi, vivió casi dos semanas en mi casa, a base de galletitas y coca. Se los describí tal cual era, hasta les hice un dibujo. Les dije, es verde, no mide mucho más de un metro, tiene piel muy dura, escamosa, con varias verrugas amarillas. Tiene dos cuernos y tres ojos, pelos: ni uno. Tiene botas de goma, las que usábamos de chiquitos, una amarilla y la otra azul. Siempre está ahí y sólo come las galletitas que todos esquivamos en los paquetes que traen de distintos tipos y nunca se terminó un vaso de coca entero. No me creyeron, se burlaron y al rato, después de ponderar mi casa, se fueron.

Fui a ver si había vuelto, no. ¿Se habría vuelto al interior de dónde era? Al final, ¿hablaba castellano o portugués? Su inglés, ¿era yankee o británico? Tenía muchas dudas y él nunca me dijo nada. Me fui a dormir, un poco triste, mi inquilino se había ido y no me había siquiera dicho algo, ¡ni siquiera había pagado por las galletitas!. A la mitad de la noche, escuché un ruido, era él, estoy seguro, me fui a fijar, con una mezcla de miedo y felicidad de volver a verlo, lo estaba extrañando, pero no encontré nada, me serví un vaso de coca, agarré un paquete de galletitas, me paré en su rincón y empecé a comerlas, se me pasó la noche y él no apareció. Me fui a trabajar, no sin antes dejar un medio vaso de coca y las galletitas que no me gustaban en su rincón, por si las moscas ,¿no?.

Cuando volví, el vaso estaba vacío y galletitas no habían, sólo migas. Había vuelto.

Irante.-

Led Zepellin - Whole lotta love, es la canción de hoy. Escúchenla y diviértanse con sus amigos imaginarios.

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