Mi papá fue todo un rockstar

Se abre el telón, un chico de unos 13 años sentado en un sillón y al lado algo que parece una camilla, el escenario, la sala 215 de un hospital.

-Volví, si soy yo, José otra vez, no me puedo dormir y decidí actualizar el reporte que vengo escribiendo. Faltan escasos minutos para que sea la media noche y con ella se cumple 45 noches casi consecutivas que duermo acá, en éste incómodo sillón con sus resortes que pareciera que intentan perforar mi espalda, igual, ya fui tomándole la mano y encontré posiciones para de alguna u otra manera pilotearla.
Los doctores ya empezaron a perder la fe, algunos dicen que no vale la pena, que nada va a salir bien, que es irreversible, que
ya está. Yo soy más positivo, sé que vamos a salir de ésta y que papá va a mejorar.

A quienes recién arrancan a leer desde acá, déjenme adentrarlos en tema…-

-Flash back-

Un escenario, debajo, público aplaudiendo de pie, en él, un hombre, de unos 50 años, de pie con su guitarra que le cuelga atrás del cuerpo dando las gracias, ojos humedecidos y una sonrisa imborrable en su rostro:
-
Gracias, en serio, muchas gracias- Repetía una y otra vez hasta que se aleja se apagan las luces y se va caminando hacia un costado y se mete tras bambalinas. El público eufórico, sigue aplaudiendo aclamando por más y más.
El músico va a su camarín con su sonrisa a todos lados, evitando algunas personas, recibiendo complejos de otras y así hasta llegar a su zen de paz. Allí se baña, toma los remedios que tiene que tomar y ya está pensando en volver a su casa, hablar con su mujer, saludar a su hijo y volver a la vida de siempre.

Nueva escena, el camino a casa. Iban él y su representante en el auto, él no manejaba porque estaba exhausto y tampoco era su vehículo. Venían conversando de lo bien que había salido todo, de lo tristes que estaban que su gira había finalizado y cómo ambos a pesar de todo, extrañaban su vida rutinaria con sus familias.
Todo parecía normal y común hasta que un conductor de camiones ebrios colapsa con ellos, el representante muere en el acto, el músico, sobrevive pero queda muy grave y es trasladado hacia el hospital más cercano.

La escenografía se disfraza de una sala de emergencias, la camilla que entra a las corridas y un hombre ensangrentado en ella. Están reanimándolo. Sus signos vitales mejoran y el corazón vuelve a su ritmo normal, sólo queda un problema, las hemorragias internas, había que detectarlas y lo antes posible. Luego de dos horas de intensos estudios logran detectar algunas y las sanan, listo ahora dependía de él mejorar, en cuestión de horas abriría los ojos y de a poco se recuperaría.
Esto lo creían los médicos hasta que después de tres días de no haber mejoras profundizaron los estudios y encontraron una nueva hemorragia, en la cabeza. Creían que el airbag la había protegido lo suficiente, pero al parecer no había sido así.

La escenografía vuelve a la inicial, la luz tenue ilumina al chico quien sigue escribiendo en el sillón.
-Ahora me entienden, los médicos cometieron un pequeño error y ahora mi papá lo está padeciendo. No los culpo, todos tenemos errores, mi momento de ira hacia ellos duró la primer semana, ahora maduré y sé que aunque la hubiesen detectado a tiempo a la hemorragia en su cabeza la vida de mi papá seguía en peligro, no los culpo, no son perfectos.
Por suerte es verano y todo esto no me atrasa en el colegio, igual creo que entenderían, pero esa es por lo menos, la única gratificante noticia que logro encontrar. Siempre intento ver lo bueno de las cosas porque sé qué sino la angustia me haría tanto mal que no me dejaría ver a mi papá cuando despierte.

Me gusta recordar las historias que él me contaba, antes de que yo nazca era todo un
rockstar. Allá en los ’90 el tenía una banda, eran un trío y les iba muy bien. Ganaron tres discos de oro y me los regaló a mí, los tengo colgados en mi cuarto, entre todos sus posters y la guitarra que me regaló que alguien le había regalado que un lutier había hecho para ese último alguien, difícil ¿no?, pero es una gran guitarra y decidí colgarla en vez de desafinarla con mis intensiones.
Mi papá se llama Adrián, toca la guitarra y muy bien, y no lo digo porque soy su hijo, lo digo porque lo veo, no cualquiera recorre tantos países tocando con una banda y gana 3 discos de oro y tantos de plata. Él siempre me contaba historias de sus giras y me hacía reír, la de Bogotá, Colombia, es la que más me gusta, pero la voy a dejar para mañana, cuando esté menos cansado así puedo hacer buena memoria y poder escribirla con lujo de detalles.


Cuando papá se casó dijo a la Banda que estaba formando su nueva Banda y así dejo la música, su gran pasión y su primera esposa. Enfrió un poco más su vida, compró una casa más grande y buscó un trabajo, que claro poco le duró, a él sólo le importaba la música.

Nací yo y conmigo nació una necesidad que era una boca más que alimentar, así que, papá empezó a trabajar de solista, para recaudar algunas monedas y que podamos vivir cómodos. Muchos artistas lo llamaban para que él los ayude y hasta tocó con ellos en inmensos escenarios, el casi siempre accedía, y claro, lo llevaba en la sangre y lo hacía vivir una regresión, y claro aportar algo a la economía familiar.
Siempre que pude, acompañé a papá a donde sea que tenía que ir, admiraba lo que hacía, admiraba la gente con lo quien lo hacía por sobre todo, lo admiro a él, su sencillez para hacer cosas tan complejas, su talento nato con las seis cuerdas y su manera de expresar sus sentimientos con tan sólo coordinar algunos acordes.
La última noche antes del accidente no pudimos ir, ni mamá ni yo. Quiero pensar que eso es bueno, porque quizás hubiésemos compartido la misma suerte los tres, o quizás no, no me gusta pensarlo, me hace mal saber que si no hubiese sido por un capricho, una estúpida pelea, yo hubiese ido a verlo y quizás las cosas hoy no estarían así, me hace muy mal.

No me di cuenta, y ya hace un rato largo que pasó la media noche, mañana va a ser un día largo y en breve debería estar por llegar mamá, sus amigas la llevaron al cine para que intente des estresarte un poco, me alegro mucho por ella, desde el último parte médico hace 17 días que su cara es triste, aunque lo intente esconder, yo lo puedo ver, y ella está muy mal, y eso me entristece muchísimo porque ella es una mujer vivaz, alegre y llena de vida, pero hace tiempo que la vemos muy apagada. Todos lo estamos.

Me voy despidiendo, hasta el próximo insomnio que supongo que escribiré otra vez y ojalá no sea desde ésta pequeñísima 215 y sea desde casa, todos juntos.

El chico se para, se estira y se empieza a acomodar, apaga la luz y escucha unos ruidos, era su mamá discutiendo nuevamente con el doctor. Él dice que era en vano seguir con éste tratamiento, lo que Adrián tiene es irreversible y nunca va a volver a ser el mismo, ella al igual que su hijo, no había perdido las esperanzas. Entre lágrimas discutía con el doctor:
-¡No! No pueden hacernos esto, somos una familia, ¡él se va a mejorar! Lo sé, lo presiento. –Decía en un tono muy elevado de voz.
-Señora, intente calmarse, sabemos que es difícil, pero lo que tiene su marido es algo muy complejo y costoso…
-¡Nosotros podemos pagarlo, no se preocupe por el costo!- Interrumpió ella.
-
No se trata de dinero –aclaró el señor de bata blanca- El tratamiento que le estamos haciendo está haciendo que perdamos atención en los demás pacientes y eso es peligroso para todos, entiéndanos señora. Sabemos que lo que usted está viviendo es muy duro, pero entienda que es en vano.

El escenario se divide en dos, los adultos discutiendo, del otro lado de la puerta, el pre-adolescente, para no escuchar, agarra una de las guitarras que le habían regalado a su papá Adrián e intenta tocar una de sus canciones. La escena se mantiene así hasta que se da lugar sólo a la discusión:
-Créame señora, yo era un gran fanático de su marido y su banda, los fui a ver centenares de veces y no me puedo sentir más orgulloso de que me hayan solicitado a mi para que haga lo imposible por sanarlo, y créame… – agregó después de un silencio el doctor- que hice, investigué y pregunté por todas las posibles soluciones, pero no hay caso, los daños que sufrió su marido fueron muy grandes.
De fondo todavía se escucha la guitarra sonar.

Aparece el niño, viene desde otro lugar, no viene desde la habitación 215, viene desde el sentido opuesto:
-¿De dónde venís?- Preguntó la madre.
-No podía aguantarlos pelear más, así que fui a tomar aire, mirar las estrellas, quise calmarme y con la guitarra no quería molestar a papá.
-¿Cuándo saliste? No te vimos, ni tu madre ni yo.- Dijo el médico entrando en la conversación.
-Estaban tan compenetrados en su discusión que ni me vieron, pasé por delante de ustedes, hasta les hablé y todo, pero no me vieron, estoy seguro.
Con los ojos llorosos, medio atónita la madre dice:
-Pero… si vos estás acá y yo sigo escuchando una guitarra sonar, ¿Qué carajo está pasando?

Inmediatamente corrieron los tres por el pasillo a la habitación 215, primero llegó el hijo, abrió la puerta y:
-…¿Papá?


Dedicada a Gustavo Adrián Cerati y su familia. No soy un sodero, nunca escuché mucha de su música, pero no niego que es un gran artista. Desde acá, mi pequeño homenaje a él y su familia.

Irante.-

Soda Stereo – Zona de Promesas. Es la canción que hoy les quiero recomendar.


PD: Perdón si me extendí, no quería que sea tan largo, pero me pareció una buena causa.

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